Educar con emoción para aprender: competencias emocionales básicas para la vida

“El intelecto busca, pero es el corazón quien halla” George Sand

 

La neuroeducación conceptualiza una nueva forma de educar a través de la información obtenida al conocer cómo se adquiere el aprendizaje observando el funcionamiento de nuestro órgano vinculado al aprendizaje: el cerebro.

Cada vez son más frecuentes los artículos, investigaciones y estudios dedicados al modo en que aprende nuestra mente, y que además resaltan la importancia de educar en la emoción.

Sin embargo, en algunos casos, los instrumentos o metodologías utilizadas no compaginan con la realidad presente en las escuelas. Esto puede ser debido a la valoración de aspectos más teóricos (tanto padres como educadores), abandonando la vertiente emocional de los alumnos.

Esta contrariedad se destacó hace unos años por la UNESCO cuando se publicó el Informe Delors, en el que se destacaban los grandes cambios surgidos en la sociedad contemporánea, y en la que se plantearon soluciones y alternativas destinadas a la educación del siglo XXI.

El informe recalca la necesidad de abandonar el enfoque “puramente instrumental de la educación considerada como la vía necesaria para obtener resultados (dinero, carreras, etc.) y supone cambiar para considerar la función que tiene en su globalidad la educación: la realización de la persona, que toda entera debe aprender a ser” (Ibarrola, 2003, p. 1). Además se insiste en la importancia de contemplar la vertiente emocional y la vertiente cognitiva como un solo elemento.

Gran cantidad de autores como Bisquerra, 2016; Bona, 2015; Goleman, 1995; Mora, 2013; entre otros, apuestan por esta nueva visión, en la que la inteligencia emocional se posiciona como un elemento esencial para el desarrollo integral de la persona y que además nos permitirá o ayudará a potenciar el aprendizaje de los contenidos puramente académicos.

Pero ¿qué entendemos y por qué es importante la inteligencia emocional en nuestros alumnos?

La educación emocional nace en la década de los noventa con la finalidad de ofrecer una respuesta a las necesidades sociales surgidas, e insuficientemente consideradas en las materias académicas ordinarias en las que se primaba el saber antes que el desarrollo integral de la persona.

Bisquerra (2016) infiere en cómo en los últimos años “se va pasando del saber al saber hacer, lo que ha llevado a resaltar la importancia de las competencias básicas”, afirmando que es un cambio muy importante para la practica educativa. (p. 12)

Entendemos por tanto que el principal objetivo de la educación emocional, tal y como indica Bisquerra (2016) es el desarrollo de competencias emocionales que nos ayudaran para:

  • adquirir un mayor conocimiento de las propias emociones,
  • identificar las emociones de los demás,
  • denominar las emociones correctamente,
  • aumentar el umbral de tolerancia a la frustración,
  • el desarrollo de competencias para la resiliencia,
  • así como prevenir los efectos nocivos de las emociones negativas.

En consideración con lo expuesto, entendemos que este planteamiento cobra gran relevancia y en especial, en aquellos alumnos con necesidades educativas especiales. Bisquerra (2016); Pan (2011) indican como en la mayoría de los casos este tipo de alumnos muestran dificultades en la comunicación de sentimientos y necesidades, problemas en el autocontrol, solicitar ayuda o refuerzo y en el uso del lenguaje para la regulación de su propia conducta.

Los autores infieren en la necesidad de plantear y desarrollar programas que nos ayuden al desarrollo de dichas habilidades concernientes a la expresión y  comprensión emocional, así como de técnicas de autocontrol y comportamiento. Pan (2011) propone las siguientes habilidades a trabajar con este tipo de alumnado en el aula:

  • Establecer la identificación de emociones y evaluar su intensidad.
  • Trabajar la solicitación de ayuda y el control de la impulsividad.
  • Desarrollar una aceptación de sí mismos y de los demás.
  • Identificar y buscar soluciones a los problemas.
  • Así como ponerse en el lugar del otro y participar en actividades cooperativas (p. 3).

Competencias emocionales claves en el desarrollo de la inteligencia emocional y que se exhiben como oportunidades para el tratamiento de valores y sentimientos de valor y utilidad, beneficiando a todos los alumnos, y de manera especial a aquellos que presentan necesidades educativas especiales.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Bisquerra, R. (2016). 10 ideas clave. Educación emocional. Barcelona: Editorial GRAÓ, de IRIF, S.L.

Bona, C. (2016). Las escuelas que cambian el mundo. Penguin Random House Grupo Editorial España.

Ibarrola, B. (2003). Dirigir y educar con Inteligencia Emocional (pp. 1-10). Presentado en Ponencia del VII Congreso de Educación y Gestión, Madrid.

Mora, F. (2016). Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama (7.a ed.). Madrid: Alianza Editorial.

Pan, M. (2011). La inteligencia emocional en el alumnado con necesidades educativas. Innovación y experiencias educativas, 39, 1-8.

Paula Sanjuan García. Colaboradora  del Máster Universitario en Educación Especial y Atención Temprana de la Universidad Internacional de Valencia (VIU).

Fuente: Paula Sanjuan García –  Universidad Internacional Valenciana
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Article by Ismael